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MICHIRONES, ¿CUCHARA, TENEDOR O DIRECTAMENTE PAN?

— 17/07/2026

Michirones, ¿cuchara, tenedor o directamente pan?

Los michirones tienen una forma muy eficaz de presentarse: legan a la mesa hirviendo, con el caldo todavía moviéndose, el chorizo a la vista y un olor que hace que todo el mundo acerque el pan antes incluso de probarlos.
No son un plato delicado ni lo necesitan. Se comen despacio porque queman, con cuchara o pinchando las habas una a una, según la costumbre de cada cual. 
Así funcionan los michirones. En teoría son una tapa y en la práctica, como te descuides, has comido.

¿Qué son exactamente los michirones?
Los michirones son un guiso preparado con habas secas, de las grandes y duras, que necesitan varias horas de remojo y una cocción larga para quedar tiernas.
A partir de ahí entran el hueso de jamón, el chorizo, el tocino, el ajo, el laurel, el pimentón y la guindilla. La lista puede cambiar dependiendo de la casa, del bar y de la zona de la Región.
Hay quien añade panceta, jamón, sobrasada o distintos cortes de cerdo. En el Campo de Cartagena también es habitual encontrarlos con patata. Lo que no suele cambiar es el fondo sabroso, ligeramente picante y con el punto suficiente de grasa para que el caldo termine ligado sin mucha complicación.
La clave está en que la haba quede tierna, pero entera.

Un plato hecho con lo que aguantaba en la despensa
No existe una fecha concreta ni una persona a la que podamos señalar como inventora de los michirones. Su origen se relaciona con la cocina popular de la Huerta de Murcia y del Campo de Cartagena, aunque la receta también está presente en otros territorios cercanos del sureste español.
Tiene toda la lógica que naciera en casas donde había que cocinar con productos económicos, saciantes y fáciles de conservar. Las habas secas podían guardarse durante bastante tiempo, al igual que los embutidos, el tocino y los huesos de la matanza.
Primero fue comida de casa y de campo. Con el tiempo pasó a las tabernas, las barras y las cazuelas individuales. Hoy se sigue preparando durante todo el año, aunque basta ver el humo que suelta al llegar a la mesa para entender por qué se disfruta especialmente cuando hace frío.

¿De dónde sale un nombre como michirones?
Una de las teorías lo relaciona con el término árabe misrun, que se ha interpretado como pequeños egipcios. Otra propuesta lo acerca a palabras vinculadas con el acto de comer. Como suele ocurrir con las recetas antiguas y transmitidas de boca en boca, hay más de una explicación.
Lo que sí sabemos es que en Murcia llamamos michirones tanto a las habas secas utilizadas en el guiso como al propio plato. Así que cuando alguien dice que va a hacer michirones, puede estar hablando del ingrediente, de la olla entera o de las dos cosas.

La discusión del picante
Unos michirones sin ningún picante pueden saber estupendamente, pero les falta ese pequeño toque que les da vidilla.
No se trata de vaciar medio bote de guindillas y ver quién aguanta más. Hay que darles el punto.
Algunas versiones combinan chorizo dulce y picante, otras utilizan únicamente pimentón picante o añaden una guindilla entera que después se retira.

Murcia y Cartagena: parecidos, pero no idénticos
Hablar de una única forma de preparar los michirones sería simplificar demasiado.
En la Huerta de Murcia encontramos versiones centradas en las habas, el jamón, el tocino y el chorizo. En el Campo de Cartagena es frecuente añadir patatas, que absorben el caldo y convierten la cazuela en un plato todavía más completo.
Después están las versiones de cada familia. Una lleva sobrasada, otra incorpora morcilla, alguien añade más ajo y otro sostiene que la olla mejora con un poco de panceta fresca. Probablemente todos tengan razón dentro de su propia cocina.
Esa falta de uniformidad no debilita el plato, al contrario, demuestra que sigue vivo.

¿Cuchara o tenedor?
También hay división a la hora de comerlos. Hay quien empieza directamente con la cuchara, llevándose la haba, el caldo y algún trozo de embutido en cada viaje. Otros prefieren pinchar las habas una a una y reservar el caldo para el final. Y hay quienes utilizan ambas técnicas sin prestar demasiada atención al protocolo y, probablemente, sean la mayoría.

De comida humilde a plato imprescindible
Los michirones nacieron ligados a una cocina sencilla y de aprovechamiento. No había ingredientes lujosos ni técnicas complicadas. Había productos capaces de aguantar en la despensa y una olla que se dejaba trabajar sin prisas.
Con el tiempo, aquello que servía para alimentar a la familia terminó convertido en una de las tapas más reconocibles de la Región de Murcia.
Hoy los encontramos en bares, restaurantes, fiestas populares y barracas. Algunos llegan en cazuela de barro, otros en un plato más pequeño y otros directamente desde una olla enorme que lleva horas cocinándose.

Los michirones sólo necesitan una cazuela, las habas bien cocidas, el embutido generoso y un caldo con el punto justo de picante.
Tal vez por eso siguen siendo un éxito. 


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