Lugares de interés
Lorquí
Uno de los cabezos que otorgan a Lorquí su particular orografía, plagado de casas-cueva aún en uso y en cuya cima se encuentra un graderío de hormigón armado que facilita la utilización el cabezo como auditorio y permite disfrutar de una bonita panorámica del entorno de la localidad. En la calle del mismo nombre se encuentra una medida ejemplarizante y pionera de urbanismo táctico. El Cabezo de Escipión es uno de los promontorios sobre los que se asienta el núcleo urbano de Lorquí. Debe su nombre a la leyenda según la cual allí murió Cneo Cornelio Escipión, cercado y vencido por las tropas cartaginesas de Asdrúbal Barca, en el 211 a.C. Sobre el mismo se levantó la ermita de la antigua patrona de Lorquí, la Virgen de las Nieves (S. XVI). A su interés arqueológico e histórico, suma su privilegiada ubicación en el centro del casco urbano. En la actualidad, permite magníficas vistas sobre toda la huerta del río Segura, divisándose desde el mismo casi la totalidad del término municipal y núcleos limítrofes al mediodía y a poniente.
Monuments
Lorquí
Esta vieja noria de hierro y madera, complejo hidráulico de 4'5 metro de diámetro, fue totalmente restaurada y hubo que consturir un nuevo canal de desagüe, obra en piedra y ladrillo, para sustituir el original, que se desmontó por el emplazamiento actual de la carretera y que funciona perfectamente cuando la noria se pone en movimiento.
Monuments
Lorquí
Es la más importante y conocida noria de Lorquí, conocida así por ser un hombre apodado el 'Rapao' su custodio durante muchos años. Se tiene constancia documentada de su existencia desde el siglo XVIII, aunque se cree anterior. Ambas están declaradas de Interés Cultural.
Monuments
Lorquí
El tempo parroquial de Santiago Apóstol fue levantado entre 1765 y 1799 por Pedro Gilabert, artista que trabajó en la terminación de la torre catedralicia. Su estilo responde a los modelos arquitectónicos del momento (planta de cruz latina con cúpula sobre pechinas) pero lo singulariza una exquisita decoración neoclásica donde las ráfagas de luz, diversa simbología y cabezas de querubines llenan sus bóvedas, pechinas y cornisas. Destacan los signos alusivos al apóstol Santiago. Se restauró en su integridad en la década de los noventa tras un largo y costosos proceso.